Humanidad: ¿extinciones, destrucción, desequilibrio?

Humanidad: ¿extinciones, destrucción, desequilibrio?

Entendemos a la humanidad civilizada como un impedimento para el libre desarrollo de las demás especies, como un desestabilizador del equilibrio natural de la biosfera, con la destrucción, contaminación y asesinato de individuos.  Todo esto siempre lo pensamos desde la civilización compleja, pero nunca nos hemos planteado ni hemos tenido información certera acerca de cómo transcurrió todo esto previo a la sociedad industrial y/o civilización compleja.
Pero que sucedería si entendiésemos un patrón destructivo y extinguidor como intrínseco de la especie humana? ¿es acaso esa característica que diferencia a humanxs de otrxs animales, la que acomete contra un equilibrio?
Para analizar esto tomemos los estudios realizados por algunos antropólogos (antropocéntricos) en relación a las extinciones de especies, previas a las civilizaciones complejas, trataremos de dejar en debate, estas preguntas, para seguir con la búsqueda de esa equidad, entre individuos, aquella única que podrá permitir el armonico equilibrio del caos en la naturaleza.

¿Fueron las extinciones de animales grandes de comienzos del Pleistoceno (1) el resultado del impacto inicial de un/a predador/a nuevx (el Homo erectus) a cuya presencia no se habían adaptado aún las especies presa potenciales?
Una coincidencia así encajaría en la hipótesis del exterminio. El ejemplo de Australia es claro. En virtud de su prolongado aislamiento geológico, la fauna nativa del Pleistoceno tardío no se parecía a la de los demás continentes. Había criaturas parecidas al rinoceronte, al perezoso gigante, canguros gigantes, a roedores gigantes, pero sólo dos grandes carnívorxs y todxs, eran mamíferos marsupiales, no placentarios. (Había otrx carnívorx grande, un lagarto gigante, mayor que el dragón de Komodo.) La extinción de finales del Pleistoceno en Australia representó más de las tres cuartas partes de la ocurrida en el continente americano. (El total de especies, por otra parte, era allí inferior.) De las cincuenta especies de animales grandes que había hace más de sesenta mil años sólo sobrevivieron cuatro, todas canguros. Al igual que en América, se extinguieron muy pocos mamíferos pequeños.
Las estimaciones de fecha mediante yacimientos de fósiles extinguidos, más fiables les dan una antigüedad que oscila entre cien y doce mil años, con probabilidades de que sean unos sesenta mil. Está muy cerca del momento del acceso humano al continente que sugieren los indicios arqueológicos.
Paul Martin cree que esta coincidencia señala que la llegada del Homo sapiens, a un continente que hasta entonces había conocido pocos carnívoros corredores grandes, y ninguno del orden de los carnívoros, parece apoyar única y exclusivamente el exterminio.
Aisladas vecinas de Australia en el hemisferio sur, las dos islas que forman Nueva Zelanda albergaron hasta hace poco una biota única. Era una tierra de aves, pero de lo más extraordinario, y muchas no volaban. Prosperó una docena de especies de moa, criaturas parecidas a avestruces que medían desde uno a más de tres metros de altura.
En Nueva Zelanda casi no habían mamíferos (y en consecuencia las aves y demás criaturas llenaban nichos parecidos a los mamíferos. El águila era el predador aéreo más poderoso de entonces, y el único enemigo de las moas. Hasta que llegaron lxs humanxs.
Lxs primerxs que llegaron a las islas, hace casi mil años, fueron lxs maoríes, pues así se llamaba a los colonxs polinesixs. Al cabo de unos siglos ya no existía aquel mundo, transformado por una extinción masiva local. Al final desapareció casi el cincuenta por ciento de las especies de las islas, entre ellas todas las aves grandes y casi todas las especies de aves no voladoras.
Los restos de moa revelan que los maoríes los utilizaban como comida, y como materia prima, para prendas de vestir, anzuelos y adornos con los huesos. Los huevos rotos se utilizaban como recipientes de agua.


Puede que por haber evolucionado en un mundo sin humanxs, las moas y demás nativos de Nueva Zelanda fueran muy mansos. Pero la caza no es el único medio por el que las especies isleñas sufrieron la huella humana. Haciendo compañía a lxs moas en el camino de la extinción estuvieron también los extraordinarios grillos, caracoles, gorjeadores y murciélagos de las islas, que no son especies víctima típicas. Es muy probable que la deforestación fuera un factor importante. Cuando lxs maoríes despejaban el terreno para construir poblados, erradicaban hábitats de los que dependían las especies. Los maoríes llevaron consigo ratas, que tuvieron un efecto devastador en las aves terrestres y otras especies. Los nidos de estas criaturas eran presa fácil para este voracísimo y versátil predador.
Al reducirse y desaparecer finalmente las poblaciones de moas, las águilas gigantes se quedaron sin víctimas con las que subsistir. Cabe la posibilidad de que probaran a sustituirlas por víctimas humanas, dado que, al igual que las moas, se trataba de bípedos de estatura parecida.

Lxs maoríes habrían tomado medidas para protegerse y la confrontación sólo podía producir un resultado. La idea de humanxs como exterminador es verdadera en el caso de Nueva Zelanda. La primera presencia humana, tuvo efectos devastadores en las comunidades ecológicas de Nueva Zelanda.
Las islas Hawai han sufrido una gran devastación a consecuencia de la ocupación humana. Por ejemplo, a consecuencia directa o indirecta de la presencia humana en el archipiélago desapareció hasta el 70% de la población de especies aviarias. Sólo está intacta una pequeña fracción de bosque, el de las montañas, donde no pueden llegar los tentáculos del desarrollo económico.
Lxs estudiosxs imaginaban que lxs colonxs polinesios de Hawai, que llegaron al archipiélago hace mil quinientos años, se instalaron en armonía con la comunidad ecológica que encontraron. Se suponía que lxs humanxs de Hawai formaban parte del entorno natural, lo mismo que los pinzones hawaianos. “El registro fósil, ha demostrado que la avifauna históricamente conocida es sólo una fracción de la diversidad de especies naturales del archipiélago.” En Oahu (3), por ejemplo, se conocen históricamente siete especies de aves y, sin embargo, en los yacimientos de fósiles hay restos de cuatro veces más. Esto representa un empobrecimiento tremendo, que, una vez más, coincidió con la llegada de lxs colonxs polinesixs. Investigaciones posteriores han puesto de manifiesto que el destino prehistórico de las islas de Hawai no fue excepcional. Los dos investigadores del Smithsoniano y otros colegas se dieron cuenta de que podían sacarse dos conclusiones acerca de las islas del Pacífico donde se encontraban indicios fósiles de especies aviarias: primera, que las actuales comunidades ecológicas están horriblemente empobrecidas en comparación con las de tiempos prehistóricos; segunda, que la extinción de especies siempre coincidía con la llegada de lxs primeros colonxs. El caso de la isla de Henderson es extremo e ilustra la idea general. Situada en el grupo de las Pitcairn, Henderson es pequeña (treinta y siete kilómetros cuadrados).

Hay muchas especies animales y vegetales que no se encuentran en ninguna otra parte. No hace mucho se decía que era “una de las pocas islas de su tamaño y de las regiones más calientes del mundo que no habían sido demasiado afectadas por las actividades humanas”. Mientras la isla se consideró relativamente virgen Olson y Steadman, del Museo del Estado de Nueva York, analizaron los yacimientos fósiles de la isla y descubrieron que a Henderson le falta por lo menos un tercio de las especies de aves terrestres que tenía en tiempos prehistóricos, y seguramente más. Henderson estuvo brevemente poblada en algún momento por colonxs polinesixs hace entre ochocientos y quinientos años, y ha venido a denominarse “isla del misterio” porque nadie sabe por qué se marcharon aquellxs pobladorxs. Y aunque la caza puede afectar a una o varias especies nada más, los impactos orientados de otro modo pueden tener mayor repercusión, como “limpieza de bosques” que destruye y fragmenta hábitats. Tálese un bosque y los organismos que lo habitan tendrán que encontrar un hábitat parecido o perecer. Las comunidades ecológicas podrían sufrir perturbaciones, volviéndose más sensibles a las invasiones de especies nuevas y desencadenando quizá un alud de extinciones. Un reciente estudio realizado por ecólogxs británicxs y estadounidenses pone de manifiesto que algunas extinciones no sólo fueron inesperadas, sino que además se produjeron mucho después de la perturbación inicial. Los hábitats perturbados por una fragmentación pierden especies por varios motivos. Las que necesitan una geografía alimentaria muy amplia, por ejemplo, desaparecerán del hábitat fragmentado; este factor afecta sobre todo a los grandes carnívoros. Las especies poblacionalmente pequeñas son vulnerables a la extinción causada por acontecimientos casuales. Y así sucesivamente. Como las extinciones se producen generaciones después de la fragmentación, la actual destrucción ambiental producirá extinciones de especies animales, dentro de quinientos años.
La destrucción y fragmentación de hábitats es responsable de buena parte de la racha de extinciones.
Pero también, lxs humanxs viajan con criaturas que se llevan a propósito, por ejemplo gatos, perros, cerdos y cabras y otras que se cuelan como polizones, como las ratas. Los predadores, sin embargo, producen un impacto más inmediato. Entre lxs compañerxs de viaje de lxs humanxs que se dedican a la predación, los responsables de más extinciones son las ratas. Como son omnívoras, arremeten con los huevos y las crías de aves y reptiles, comenzando la cadena de la destrucción en las primeras etapas del ciclo vital. Las comunidades ecológicas no son simples agrupaciones de especies que casualmente viven en la misma zona. En consecuencia, la extinción de una sola especie puede repercutir en toda la comunidad, produciendo extinciones en cadena.
Las comunidades ecológicas son sistemas complejos. Las consecuencias prácticas de esta complejidad se ven con claridad en el impacto que produce su perturbación.
Hoy ya no puede negarse que una parte importante de las perturbaciones del pasado reciente se ha debido a la presencia humana. La magnitud de la devastación ecológica, sobre todo en islas oceánicas, durante los últimos milenios, se viene valorando desde hace muy poco. No sólo no es el mundo como lo imaginaban lxs ecólogxs (virgen, con sistemas naturales en conjuntos intactos), sino que no podemos eludir el hecho de que la especie humana ha tenido un efecto dañino en el ecosistema global en que tan recientemente ha evolucionado.
No hacen falta máquinas de deforestación masiva para ocasionar grandes daños ambientales. Las sociedades con tecnología primitiva han establecido en el pasado reciente una marca insuperada en este sentido, ya que desencadenaron segun Storrs Olson “una de las más rápidas y graves catástrofes biológicas de la historia de la Tierra”. Los posibles exterminios de Australia y América muestran al Homo sapiens como agente causante de extinciones de larga historia. Actualmente vivimos en un mundo moderno, con esta historia a nuestras espaldas. Hay quienes no están de acuerdo, pero creo que lo que nos espera es seriamente preocupante, tanto por lo que se refiere a la pérdida de majestuosas especies concretas, como el elefante, cuanto por el efecto global.
Estos antecedentes nos enseñan varias cosas, nos pueden dar distintas perspectiva de la escencia de la destrucción que desequilibra la naturaleza, Es un tema bastante complejo, ya que quizá nos estemos enfrentando a un problema existencialista,quizá la problemática o el desequilibrio, es generado por vivir en una suerte de limbo, no tener un lugar específico, no ser nada especifico. es decir Nos encontramos como un ser inacabado, con una evolución a medias, estamos entre lo salvaje, con sus instintos e impulsos espontáneos, y lo racional con el posible desarrollo de una ética, no estamos en un equilibrio, ya que no estamos en ninguno de esos dos polos, no sabemos hacia donde iremos ni de donde venimos, de hecho la humanidad reniega de donde viene.
Tenemos la característica que nos diferencia radicalmente de otras especies, el modo desarrollado de razonar. Pero eso no es suficiente, nuestros instintos mas salvajes bien presentes mezclados con el alto razosiño condicionan cualquier ética que desarrollemos, cualquier coherencia. ¿Es esa condición humana, que da la capacidad de modificar el ambiente de manera drástica que posee la humanidad como especie, la que genera el gran conflicto, y la rotura de ese equlibrio, y no el entorno que esta especie genera?
¿es este desenlace destructor una obra del caos, que termina destruyendo las multiples posibilidades caóticas?
Lamentablemente, quizá será que falte mucho tiempo para terminar de evolucionar hacia un ser que tenga la capacidad de estar en equilibrio con el resto de lxs habitantes de este lucar, y en ese durante que vivimos hoy, estemos generando un daño irreversible en esta biosfera, generando el infierno en millones de individuos.
Quiza tengamos que pensar hacia delante, reflexionando ¿Qué queremos?¿que necesitamos?¿y donde esta lo ético para vivir?
claramente no podemos ser salvajes al igual que lo es un oso, un tigre, una gacela u otrxs monxs, pero si podemos buscar la libertad, buscarla dentro de un equilibrio con las otras especies,  y con este lugar que habitamos. Desde la posición/lugar en la que nos encontramo, ya los sabemos, sabemos donde existe un problema, sabemos que es ese poder el que rompe todo orden natural . caótico. Claramente no somos iguales al resto de lxs animales, y claramente no somos iguales(quienes buscamos la libertad ausente de la existencia de autoridad) a las individualidades que forman la masa humana. Somos parte de ese limbo, pero aun podemos aspirar a vivir en equilibrio, si es que realmente buscamos la equidad entre individuos

(1) Periodo del Cenozoico que abarca desde finales delPlioceno (hace aproximadamente 1,8 millones de años) hasta principios del Holoceno (hace aproximadamente 11.500 años)

(2) Especies foráneas: una especie de organismos no nativos del lugar
(3)Oahu: Isla de Hawai