La nano-pesadilla

Los que permanecen como puros humanos y rechazan mejorarse tendrán un handicap serio. Constituirán subespecies y serán los chimpancés del futuro.

— Kevin Warwick*, tecnófilo con múltiples chips subcutaneos

Como en un juego, un juego macabro, la tecnología ha sido empujada hacia la manipulación de la materia a escala de nanometro, es decir, la millonésima parte de un milímetro.Lo que se manipula es algo que se degrada en los límites entre lo no-viviente y lo viviente: el átomo.

Esta tecnología, llamada nanotecnología, crea nuevos ‘productos’ que de hecho empiezan desde la manipulación de átomos, partículas subatómicas y moléculas. A diferencia de la biotecnología que manipula la estructura del DNA, crea organismos mediante la recombinación de genes, la nanotecnología ‘derriba’ la materia transformándola en átomos con la posibilidad de sintetizarlos artificialmente y así crear algo material de nada (átomo a átomo). Por el momento, la atención está focalizada en los átomos de carbono, el esqueleto de la materia, pero pronto podría extenderse a otros elementos. Brevemente, a los científicos les gustaría controlar los elementos de la Tabla Periódica a voluntad; de acuerdo con la ciencia, esto permitiría recombinar las características de un producto (como el color, resistencia, punto de fusión) de una manera completamente diferente de la que ha sido posible hasta ahora. Por ejemplo, las empresas que tratan con nanotecnología han probado nuevos productos como tejidos antimanchas, vitrinas autolimpiables, cemento con características especiales, anticontaminantes para diesel, etc.

Tan absurdo como puede parecer, la nanotecnología tiene la pretension de hacer nuevos productoss átomo a átomo. Por ejemplo, tiene la ridícula idea de reemplazar comida con un conjunto de átomos que podría ser transformada en vino o whiskey o zumo de naranja, dependiendo de las necesidades del consumidor, ‘simplemente’ provocando una determinada reacción.

Los seguidores entusiastas de la nanotecnología han pensado últimamente que si uno llega al punto de manipular materia en su componente más básico, el átomo, ¿por qué no mezclar los estudios biotecnológicos del mundo biomolecular con la investigación sobre átomos? Así nace la nano-biotecnología. Todavía no satisfechos con crear nuevos productos aparentemente estáticos empezando desde la tecnología atómica, en vez de eso por combinación con la tecnología de la vida, tiene el objetivo de crear nueevos productos donde los límites entre los seres vivientes y no-vivientes se borre. ¿Por ejemplo? Plásticos autolimpiables en los que enzimas se alimentan de la suciedad, alas de aviones llenas de proteinas (si el ala se rompe, proteinas que funcionan como adhesivos se liberan reparándola), computadoras ultra-rápidas con circuitos basados en una ‘estructura’ de DNA, conductores eléctricos de dimensiones de una nano escala en una base proteica, es decir, el ‘plástico viviente’ construido en una bacteria genéticamente manipulada capaz de producir un enzima que puede polimerizar de acuerdo con los científicos.

Pero las aplicaciones desplegadas ante el gran público son sólo bienes mezquinos, innovaciones inútiles para satisfacer deseos infantiles generados en el ‘consumidor’ por la tecnología. Y, de hecho, las aplicaciones descritas más arriba sobre la manipulación de la materia resultan ser solo una pequela parte de los resultados buscados en los proyectos de investigación actuales. La miniaturización de los procesadores de información es ocultada dentro de estos gadgets inútiles, y esto es de alguna importancia. Esta miniaturización llevará a la presencia de microchips ‘inteligentes’ de cualquier objeto en el mercado, desde balanzas a ropa a bolígrafos todo hasta mezclas nutricionales capaces de comunicarse con la nevera.

Pero esta aplicación final prevista para esos microchips no es cierta, y no es la primera vez que tras las pretensiones humanitarias o las mejorías milagrosas del estilo de vida medio hay un proyecto oculto bastante diferente, cuiadosamente disimulado a la mayoría de nosotros. Este es el caso para las aplicaciones de la nanotecnología más alarmantes, como el enlace máquina-humano o la aplicación de microchips subcutaneos, en los que se excusa su uso en la combinación de la curación de enfermedades raras y la protección de los pobres e indefensos ciudadanos de brutales criminales.

De hecho, el campo en que la nanotecnología se ha desarrollado más es el que está ligado a estudios militares. Los escenarios que los mass-media enseñaban durante la última guerra en Irak ya apuntaban a la finalización de equipamento ‘inteligente’ capaz de adaptarse a condiciones internas y externas y armamento que también estaba dotado de poderes extraordinarios otorgados por sensores, microchips y demás.

Un ejemplo obvio de esto es el MEMS (sistemas micro-electrico-mecánicos), la primera generación de nanomáquinas. Estos son receptores y motores diminutos del tamaño de un grano de arena, los prototipos de los cuales ya han entrado en uso en la industria. La aplicación que actualmente está siendo estudiada es la vigilancia en polvo que será  aplicado en el campo de batalla o bajo un área bajo observación con objeto de obtener varios tipos de información. El futuro de la robótica de guerra es cada vez más el de versátiles y baratos micro y nanorobots usados como armas altamente especializadas.

En la estela de estos estudios otro aspecto importante es el del control social. Un chip del tamaño de un grano de arena destinado a ser insertado bajo la piel ha sido puesto en el mercado por la compañía americana Applied Digital Solutions. Se llama Verichip y es capaz de contener información sobre la persona y puede estar dotado con capacidades GPS que permitirían el conocimiento de donde está la persona todo el tiempo (uno puede incluso comprarlo por internet si quiere conocerlo de cerca). El Verichip puede ser inyectado con una jeringa, usando un simple anestésico local. Se vende como un guardaespaldas electrónico para prevenir secuestros, por lo que muchos multi-millonarios ya lo están solicitando. Pero una intuición fácilmente desarrolla que pronto un chip así no será una conveniencia opcional para los ricos, sino una pesada carga para los pobres. Al principio, ensalzan los aspectos humanitarios de tales instrumentos, mencionando que en algunos casos serán de uso para médicos para intervenir rápidamente o para la policía para prevenir secuestros y violencia. Luego las aplicaciones en cada vez porciones más grandes de población serán justificadas hasta el día en que no se pueda vivir sin ella. Ese día el chip implantado será obligatorio y librarse de él será un delito grave.

Finalmente, los chips que el gobierno británico propone para implantar en pedófilos que ya han sido sentenciados son la última frontera. Además de registrar la posición de alguien bajo vigilancia, estos chips registran en latido del corazón y la tensión arterial, dando un aviso sobre la inminencia de un eventual acto de violencia. No señalará un estado de excitación sexual, sino nerviosismo y miedo. El mismo nerviosismo y miedo que un ladrón o un saboteador puede sentir mientras está en faena. Además, uno no debería considerar la alarma de pedofilia, con la que los media están bombardeandonos desde hace unos años de manera que es tremendamente desproporcionada respecto de la realidad de las cosas, como secundaria en el proyecto de control social.

Manipulando la histeria colectiva de esta manera, los niños se convierten cada vez más en objetos propiedad del Estado, y así su protección de convierte en una obligación a cumplir. Esto no sólo justifica implantes de chip en pedófilos, sino la propuesta de expertos y asociaciones de padres para poner chips a todos los niños de Inglaterra después del último caso extraordinario de Holly y Jessica, violadas y asesinadas en 2002. Pero, ¿quién protegerá a esas niñas del ojo penetrante de sus padres y del Estado? ¿Quién les protegerá de la red  ineludible de control tecnológico?

Realmente podemos ser la última generación de seres humanos sin prótesis tecnológicas al nacer.

La gran importancia de la nanobiotecnología para el mundo económico e institucional se ve en la enorme apropiación de fondos del gobierno americano, que invierte entre 600 y 700 millones de dólares al año en el desarrollo del sector**. Además, en Europa hay una enorme financiación para proyectos de investigación o centros dedicados al desarrollo de la nanotecnología. El caso de Grenoble es revelador. Es la ciudad francesa considerada como la capital europea del desarrollo tecnológico, donde algunos proyectos financiados por la Unión Europea se benefician de fondos de cientos de millones de euros. Entre estos está Minatec, considerado el proyecto europeo capaz de competir con sus rivales japoneses y americanos, originado por los esfuerzos de la UE y multinacionales como Philips, Motorola y STMicroelectronics.

Años atrás, la ciencia ficción nos ha entretenido con historias sobre replicantes capaces de multiplicarse autónomamente y en gran número hasta que conquistaban la Tierra. Este es el miedo también que muchos expertos sienten sobre la nanobiotecnología, que algún organismo viviente construido artificialmente pudiese escapar al control de la ciencia y vivir, multiplicándose sin medida (un temor que es concretamente verificado por los productos de la manipulación genética)

Pero como siempre, cada temor, y no sólo aquellos que son más absurdos, es dejado de lado en nombre del progreso en beneficio de la humanidad. Además, el mundo de la ciencia siempre ha sido defendido manteniendo que las fechorías de la tecno-ciencia son debidas a los malos usos que se han hecho por el conocimiento; manteniendo, como siempre, que la tecnología es neutral, igual que aquellos que, con sus estudios de ciencia nuclear, han contribuido plenamente a las bombas que cayeron en Hiroshima y Nagasaki, a las tragedias de los accidentes nucleares y a la proliferación de armamento, se dan prisa en hablar. Ciertamente no es permitiendo que los expertos habituales del mismo mundo político-económico sean los úmicos en hablar de la materia como seremos capaces de resolver tales cuestiones. Ni seremos capaces de hacerlo desplazando nuestra confianza en la información surgida del mundo científico desde que una de sus actuales prerrogativas es descaradamente hacer a la gente aceptar las nuevas aplicaciones tecnológicas de la investigación científica. En realidad, su información transparente meramente nos comunica decisiones que ya han sido tomadas en nuestro nombre y sobre nuestras cabezas y revelan los resultados de la investigación que ya han sido realizados.

Quién sabe si en el caso de la nanobiotecnología, como ya ha pasado con la biotecnología, aquellos que reclaman oponerse a ella aventurarán peticiones para la regulación, reglas preventivlas, estructuras de control independientes.

Entonces la historia acabará igual que con la biotecnología: una oposición mínima a las aplicaciones relacionadas con la comida con argumentos fácilmente recuperables (y recuperados) por una parte de la camarilla científica, con comida transgénica que ya forma parte de nuestra dieta diaria. Nada de oposición en absoluto a la biotecnología médica que más bien se plantea como una gran oportunidad para la gente enferma.

Y estas cosas son realmente en las que se focaliza el aparato entero que tiene todo que ganar de la biotecnología: no más debate sobre GMOs (ndt: organismos modificados genéticamente) en el campode la dieta, no más alarmismo, no más noticias, a pesar del hecho que hay todavía gente que quiere luchar, oponiéndose al perjuicio con la única solución posible: la destrucción.

Y así pasará en el campo de la nano-biotecnología. Tan pronto como se hable sobre él y los escenarios estén cada vez más claros, la oposición estéril levantará una voz de oposición sobre losp eligros inherentes de aquellos proyectos que están más abiertos a debate como los del campo de la dieta y los militares. Nada más.

¿Qué hacer? Si Kevin Warwick está en lo cierto, entonces nos absteceremos bien de bananas, porque ciertamente estaremos entre aquellos que forman los chimpancés del futuro. Pero es sabido, incluso  películas conocidas nos lo muestran, que cuando se jode a los chimpancés …

 

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