La creciente insostenibilidad de la agricultura y la pesca industrializada, así como de la gestión asimismo industrializada de los bosques, junto con la expansión física del modelo urbano-agro-industrial, y el impacto negativo de su metabolismo, son las causas de la acelerada pérdida y degradación de la biodiversidad planetaria. Es por eso que decimos que estamos asistiendo a un verdadero golpe de Estado biológico por parte del sistema urbano agro-industrial mundial, que se desencadena sobre todo en el siglo XX.

Pero, además, a ello se suma que en el pasado siglo el traslado de especies ha adquirido una dimensión nunca vista hasta ahora a lo largo de la historia de la humanidad. Un trasiego en parte activado por la propia expansión y funcionamiento de la sociedad industrial, pero también consecuencia (no buscada) de las dinámicas comerciales del capitalismo global. Tras la aceleración de las invasiones biológicas ocasionadas por el imperialismo europeo, a partir de la circunnavegación de África y, sobre todo, del llamado descubrimiento de América, el pasado siglo va a ser testigo de una verdadera vorágine en términos históricos de bioinvasiones de especies foráneas.

El sistema urbano-agro-industrial ha actuado pues como un verdadero aprendiz de brujo, desatando dinámicas biológicas cuyos impactos en los ecosistemas no puede controlar, lo cual está generando una creciente homogeneización y simplificación intercontinental e interoceánica de la flora y la fauna de graves consecuencias sobre la biosfera. Los ejemplos de bioinvasiones son multitud y aquí tan solo citaremos algunos de los más conocidos.
Uno de los más relevantes es el de la introducción británica del conejo en el continente australiano, que ha desencadenado un verdadero desastre ecológico. El conejo procedente de Europa (en concreto de España) se multiplicó como una verdadera plaga, pues no tenía depredadores, generando una fuerte degradación ambiental.

Por otro lado, la penetración del conejo en la Patagonia ha tenido también impactos muy negativos. La grafiosis del olmo sería otro de los ejemplos.. La grafiosis es una enfermedad fúngica que afecta al olmo, y proviene de Asia, donde las especies de olmos son más resistentes. La enfermedad llegó a Europa durante la Primera Guerra Mundial, generando una alta mortandad de olmos. De Europa saltó luego a EE.UU., provocando también un fuerte impacto en las poblaciones de olmo. Y de allí
parece que brincó otra vez a la Península Ibérica, donde prácticamente ha arrasado con los olmos existentes. La introducción de la llamada perca del Nilo en el lago Victoria sería también un ejemplo de desastre biológico, pues implicó la desaparición de más de doscientas especies locales que estuvieron ahí por miles de años.

Por último, resaltaríamos asimismo el caso del mejillón cebra y su tremenda capacidad invasora. El mejillón cebra procede del Caspio y el Mar Negro, donde habita en equilibrio biológico. A finales del siglo XIX se extendió por Europa oriental a través de la navegación de los ríos en esa región. Pero en el siglo XX empezó a invadir América del Norte y Europa Occidental, debido al transporte marítimo de mercancías.

Y en la actualidad se sigue extendiendo por gran parte del mundo, colonizando ríos, lagos y embalses, provocando importantes daños ecológicos.

Además, la propia actividad humana ha hecho progresar un puñado de especies “elegidas” (ratas, cucarachas, palomas, gaviotas, etc.), especialmente en las grandes áreas urbano-metropolitanas. Y sobre todo unas 40 especies de animales y unas 100 de plantas que han aumentando de forma exponencial sus poblaciones planetarias, y que han ascendido de rango gracias a la domesticación, ocupando y demandando cada vez más espacio ambiental global. El vacuno se multiplicó por cuatro en el siglo XX, lo mismo que el caprino y el lanar (como la población humana mundial), los cerdos se multiplicaron por diez y las aves de corral nada menos que por veinte; es decir, estos últimos mucho más deprisa que lxs seres humanxs. Esto ha provocado que la biosfera esté cada vez más condicionada por el sistema urbano-agro-industrial creado por el homo sapiens.

 

En definitiva, esta manipulación de la biodiversidad por parte de la sociedad industrial, junto con las bioinvasiones provocadas por ésta, y el comercio de formas exóticas de vida (monxs, primates, lorxs, tortugas, reptiles, peces ornamentales, corales, cactus, etc.), que se ha convertido en un negocio de primer orden, a pesar de estar en teoría prohibido, están provocando una de las grandes convulsiones históricas de la flora y la fauna mundiales, que corre paralela a la gravísima pérdida de biodiversidad planetaria. Y a todo ello se suma la capacidad de alteración de la biodiversidad que tienen los organismos genéticamente modificados que se están difundiendo por la industria biogenética desde hace unos años en la naturaleza; sobre todo en EE.UU. y en muchos de los grandes agroexportadoras del Sur Global (Argentina, Brasil, etc.), y en bastante menor medida en la UE, hasta ahora, debido a la moratoria de cultivos establecida. España resalta dentro de la Unión por su permisividad respecto a los cultivos transgénicos

 

La sexta extinción ya está en marcha… y sus posibles consecuencias

De vez en cuando se nos alerta desde los medios de comunicación acerca de la posible extinción del tigre siberiano, del oso polar o hasta de las ballenas. Las especies más emblemáticas y con mayor capacidad de interpelación mediática. Pero poco o nada se dice de la desaparición continua de cientos y miles de especies de microorganismos, vegetales y animales. Sobre todo en las selvas tropicales, allí donde se alberga más de la mitad de la biodiversidad mundial remanente, debido a su imparable destrucción. Además, muchas poblaciones de plantas y animales que todavía subsisten han disminuido su número y extensión, lo que las coloca a muchas de ellas al borde de la desaparición.
El ritmo de desaparición de especies está siendo unas 100 veces más rápido que su velocidad natural. Y este ritmo se ha intensificado en las últimas décadas. No en vano se ha constatado que entre 1970 y 2005 la biodiversidad planetaria ha caído en un 30%, una cifra espectacular. Aunque si consideramos los millones de especies que todavía existen en el mundo, entre unos 5 y 30 millones, pues no se sabe realmente, podríamos llegar a pensar que queda mucho camino para una extinción catastrófica de especies. Sin embargo, es preciso recordar que en las cinco grandes extinciones anteriores, la perdida absoluta de biodiversidad se situó en torno al 50% de las especies existentes en cada periodo, y que además ese proceso duró centenares o miles de años, y condicionó de forma decisiva la evolución biológica. De hecho, la quinta extinción, hace unos 65 millones de años, abrió el camino para lxs mamíferos.

 

Así pues, podemos decir sin riesgo a equivocarnos que estamos acercándonos a toda máquina al umbral de una gran extinción, Y sobre todo destaca la velocidad y la inconsciencia colectiva con la que nos acercamos al colapso biológico, pues no existe el más mínimo debate político-social sobre la trascendencia para el futuro del mundo, y el de la propia especie, de lo que está ocurriendo, ya que nuestros ojos parece que no lo ven y nuestros corazones y mentes no lo sienten. Por ahora.

Sin embargo, la biodiversidad es la mismísima base de la vida en la Tierra, claro esta incluyendo nuestra existencia, pues sin ella nuestra propia vida no sería factible. Y, además, es la clave para el funcionamiento diario —resaltamos, diario— del sistema urbano-agro-industrial; en suma, del capitalismo global. Sin ella éste sencillamente no sería viable. Pero esto permanece oculto, invisible, a la lógica del sistema, que funciona ciegamente, pues hasta ahora su contracción y degradación no ha afectado de lleno a la dinámica de crecimiento y acumulación constante.
Además, no hay remplazo posible y a nuestro alcance para reconstruir artificialmente la biodiversidad, y su pérdida está afectando ya a ciclos vitales clave (del agua, del carbono, etc.).
Esta dinámica se acentuará sin duda en el próximo futuro por dos razones: por la aceleración que está experimentando la pérdida de biodiversidad planetaria debido a la expansión del sistema urbano-agro-industrial; y por los efectos del cambio climático sobre la misma, que inciden adicionalmente en esa pérdida, y que hasta ahora han sido limitados. Todo esto alterará profundamente el funcionamiento de las llamadas interacciones en equilibrio ambiental claves para el funcionamiento de la sociedad industrial y la propia vida, de los que hasta ahora se ha podido disponer sin limite, sin darles el valor per sé que se merecían.

¿Pero qué entendemos por interacciones en equilibrio ambiental? (servicios ambientales desde el lenguaje antropocéntrico), son aquellos procesos ambientales indispensables para la vida y la salud física y mental (fotosíntesis, regulación natural del clima, depuración del agua y del aire, polinización de plantas, edafogénesis —creación de suelo—, control natural de la erosión, equilibrio del entorno, etc.). Pero también estos “servicios ambientales” son claves, como decimos, para el funcionamiento del propio sistema urbano-agro-industrial: abastecimiento de los mal llamados “recursos” naturales: madera, agua dulce, alimentos, etc.; y hasta de “recursos” minerales (escasos), pues son también “servicios ambientales” que la naturaleza proporciona gratuitamente (Lomas, 2009; Oberhuber, 2009).

La pérdida de biodiversidad y la consiguiente degradación de los ecosistemas, así como el progresivo agotamiento de los recursos minerales, pondrá en cuestión este abastecimiento hasta ahora sin limite y que se daba por supuesto, pues la naturaleza estaba y está ahí para ser explotada sin límite, de acuerdo con el pensamiento dominante. Un ejemplo de ello es la fuerte caída de las poblaciones de abejas en el mundo, debido a la contaminación agroquímica, que puede poner en peligro la polinización de las especies vegetales, interacciones en equilibrio ambiental clave de cara a nuestra alimentación, y hasta ahora ofrecido sin límites por la Naturaleza. Hasta el presente los sectores sociales con más poder y más favorecidos por el sistema urbano-agro-industrial han podido solucionar la limitada capacidad de carga y degradación de “sus” territorios recurriendo a la importación de biodiversidad y “servicios ambientales” de otras zonas del mundo poco degradadas y con abundancia de “recursos”. Pero esto está dejando ya de ser así. Las poblaciones más empobrecidas del mundo llevan ya décadas sufriendo esta guerra ambiental encubierta. Ellxs son lxs verdaderxs causantes de esta guerra silenciosa contra la naturaleza, que hasta ahora no ha afectado abiertamente a la lógica imparable del sistema ni a la minoría humana del mundo que se beneficia en mayor o menor medida del mismo. Pero las propias estructuras de poder son conscientes de que esto no puede durar así mucho más tiempo, y empiezan a buscar desesperadamente alguna forma de hacer frente a los futuros escenarios de crisis de biodiversidad y degradación ecosistémica, y a su efecto bumerán consiguiente. Eso sí, lo hacen dentro de la lógica del modelo de crecimiento y acumulación constante, con mecanismos de mercado algo por supuesto imposible, de forma mínimamente duradera y ética, pero que a pesar de todo se está gestando.

 

Paroaria coronata  de la familia Emberizidae. Endémica del norte de Argentina, Bolivia, sur de Brasil, Paraguay y Uruguay. Sus hábitats son el monte subtropical o tropical seco, y bosques muy degradados.
Hoy se encuentra amenazada por
 pérdida de hábitat a causa de la deforestación, competencia de especies invasoras, la caza y comercialización.
Cada individuo y especie son únicos y fundamentales para el equilibrio de la biosfera, equilibrio que solo la acción humana ha sabido destruir.

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